Las Doce Claves: Doce Habilidades y Estrategias para Emprender con Éxito

Este es mi primer trabajo para un público general, no necesariamente técnico, interesado en todo lo relacionado con el emprendimiento, en donde describo las doce habilidades y estrategias que a mí me han resultado más útiles cada vez que he puesto en marcha un nuevo proyecto o he tenido un nuevo propósito que felizmente he terminado con éxito.

Curiosamente, de mi anterior libro, “El Arte del Emprendedor Digital”, he recibido un feedback inesperado. La mitad de su contenido trata de los aspectos más técnicos que he puesto en marcha al implementar Hub de Libros, el resto, son capítulos de desarrollo personal y de estrategias de emprendimiento: prácticamente ha sido una constante los comentarios en que me indicaban que de ese otro libro, los capítulos de este último tipo habían gustado tanto o más que los estrictamente técnicos, algo que, por otra parte, no me sorprende en absoluto puesto que lo profesional difícilmente irá a mejor si no se dominan ciertas habilidades personales.

De modo que en “Las Doce Claves”, he extraído todos esos capítulos, los he revisado a conciencia exhaustivamente y los he adaptado a un público más general, quitando todo aquello que sonara excesivamente técnico.

¿El resultado? Mi primer libro de desarrollo personal útil para cualquier persona que abrace el emprendimiento como modo de vida o que sencillamamente esté pensando en lanzar nuevos proyectos.

Sin duda, existen muchas otras claves para crear un proyecto de éxito, y qué duda cabe también de que existen autores mucho más reputados que yo y que considero mis propios mentores y que recomiendo encarecidamente (como Raimon Samsó, Sergio Fernández, Tony Robins, Brian Tracy, y muchísimos otros).

No obstante, en “Las Doce Claves” se encuentra lo que yo he valorado más a la hora de poner en marcha proyectos como Hub de Libros y otros con anterioridad, después de mucho tiempo analizando cuáles eran esos atributos, virtudes y actitudes más importantes para avanzar en ellos, o al menos los que a mí me han resultado más útiles.

¿Y cuáles son esas claves?

En el juego del emprendimiento predominan ciertas habilidades personales, pero también otras de tipo organizativo, más aún en personas que, como yo, tenemos muchas otras responsabilidades profesionales y familiares (como la mayoría de la gente).

En cierto modo, se puede decir, que quienes emprendemos fuera de nuestros trabajos oficiales, tenemos algo así como un doble trabajo, de ahí que la optimización del tiempo y la productividad sean esenciales.

Si al cocktail le añadimos que queremos poner en marcha un proyecto ciertamente complejo que nos llevará bastante tiempo y dedicación, entonces es necesario avanzar en él con una planificación basada en tareas. Es más, en microtareas, que, bien definidas y de corta duración (preferiblemente menos de una hora), hará que puedas avanzar en tu proyecto cada día. Piénsalo, tres o cinco microtareas al día, durante una semana, un mes, varios meses, son muchas tareas completadas que necesariamente te acercarán al final de tu proyecto.

Divide tu proyecto, o cada semana que trabajas en él, en pequeñas tareas muy concretas, utiliza una herramienta tipo to-do y ve completándolas a tu ritmo, pero con constancia.

Pronto descubrirás el placer que supone ir eliminándolas de la lista.

Hub de Libros es una realidad después de un año de haber completado quizá varios miles de microtareas, pero de forma constante y lo mejor organizadas posible.

Avanzar así, forma parte de una cultura de trabajo basada en kaizen, esto es, de una fisolofía de vida en la que mejoramos constantemente pero a muy pequeños pasos. Lo importante no es la velocidad, ni la cantidad, sino el saber que todo es revisable y susceptible de mejora, y, como resultado, con el tiempo, se produce un efecto bola de nieve sorprendente.

Yo he integrado kaizen a muchos aspectos de mi vida, desde mi cuidado físico hasta la forma de enfocar mi trabajo profesional, y tan solo me digo a mí mismo que ojalá este concepto lo hubiese conocido mucho antes.

Kaizen es uno de esos conceptos que engloban una riqueza increíble, como ikigai y otros parecidos de la cultura japonesa, demasiado para exporner todos sus detalles y matices en un simple artículo. Tan solo animo a indagar más en él y a incorporar kaizen en tu día a día.

Por otra parte, dejamos que se apoderen de lo más importante que tenemos en nuestra vida: nuestra atención y nuestro tiempo.

Continuas llamadas, interrupciones, notificaciones de las aplicaciones de nuestro smartphone, reuniones dispersas, improvisadas e interminables, etc. Todo ello hace que no podamos trabajar apenas concentrados. Sin embargo, para llegar al fondo de una tarea y para realizarla sin estrés y lo mejor posible, hace falta trabajar la mayor parte del tiempo concentrado. Sencillo, evidente, pero no fácil de conseguir en un día a día que parece que cada vez está más lleno.

Y yo me pregunto, ¿lleno de qué?

Seguramente si analizamos en qué se nos van las horas del día y los días de la semana, lleguemos a una conclusión sorprendente: pasamos demasiado tiempo haciendo tareas improductivas, sobre todo si somos personas acostumbradas a ser incapaces de decir no a todo lo que los demás nos exigen.

De ahí que en Las Doce Claves, simplificar nuestro día a día, nuestra vida en general, vaya, y tratar de trabajar lo más concentrados en nuestras propias islas de concentración, es imprescindible.

Pero emprender un proyecto, sobre todo si se espera de él algún resultado económico en un mercado incierto, voluble e impredecible, no se puede dejar al azar, necesitas un método, pero no un sesudo y pesado documento de modelo de negocio de quinientas páginas, sino algo ágil, práctico y que cualquiera puede poner en marcha.

Tu proyecto no es un proyecto en realidad, sino una hipótesis que tienes que validar.

¿Quién la valida? Los usuarios, claro.

¿Cómo lo validas? Con datos, por supuesto.

De ahí en Las Doce Claves haya un capítulo especial a la metodología Lean, propuesta inicialmente por Eric Ries en su libro ya clásico y de título “El Método Lean Startup: Cómo Crear Empresas de Éxito Utilizando la Innovación Continua”, y que dio lugar a una auténtica cultura lean tan productiva como útil.

Que el título del libro de Eric Ries no te asuste, es útil y ameno para cualquier persona con o sin experiencia y que quiera conocer cómo avanzar en un proyecto dirigiéndolo hacia más y mejores resultados mediante pequeñas pero frecuentes iteraciones de trabajo: crear / lanzar / medir / iterar. Así, hasta que, poco a poco, los resultados se van dejando ver.

Como comento en Las Doce Claves, tu proyecto emprendedor es un barco a la deriva en un mar enorme e impredecible: tu trabajo consiste en dirigir el rumbo para llegar al puerto al que te interesa arribar.

¿Cómo? Con datos medibles, con qué si no.

De la mano de lean, hay un capítulo dedicado a la importancia de la recopilación de analíticas, esto es, los datos realmente importantes que necesitas conocer de tu proyecto para evaluar su tendencia y éxito. Me gusta afirmar que en este capítulo desmitifico totalmente todo lo relacionado con la adquisición de datos de tu proyecto en marcha, es tan sencillo como trivial, porque lo importante no es obtener esos datos, sino que sepas que sin ellos, te encuentras ciego ante lo que está ocurriendo. Es como llevar a cabo una dieta y salir a correr tres días en semana y no subirte a la báscula en ningún momento. La analítica consiste en analizar esos datos, sacar conclusiones y tomar decisiones al respecto.

Hay algún autor que afirma que emprender es el mejor camino de desarrollo personal (y hasta espiritual) que existe. Y estoy totalmente de acuerdo.

Durante el desarrollo de tu proyecto, tu principal trabajo no será trabajar, sino resolver problemas, porque si no se presentaran, tu mismo proyecto y esa fabulosa idea, ya lo habría hecho otro hacía tiempo. Los problemas son, en cierta medida, un filtro y una prueba de que para llegar al otro lado, hay antes que superarlos.

De ahí que surjan dudas continuamente y haya que saber gestionarlas positivamente. Dudar es normal, incluso abandonar a medio camino también, y no pasa nada, pero en el capítulo acerca de esta cuestión te revelo algunas claves acerca de las dudas buenas y las malas.

¿Cómo vencer entonces las dudas, la pereza, a veces esa falta de motivación?

¿Con fuerza de voluntad? Para nada, ésta es limitada y está sobrevalorada.

Se vence con una gran autodisciplina. “Prefiero tener una gran autodisdiplina que ser rematadamente listo”, le oí decir una vez a un gran coacher.

La autodisciplina, bien entendida, es el mayor regalo que te puedes hacer. Nuestra autoestima está relacionada con el nivel de autodisciplina que podemos desarrollar.

Aquí te dejo un regalo imprescindible para comprenderlo: “El Poder de la Disciplina”, de Raimón Samsó.

Si algo tienen en común todas esas personas que admiras y que han llegado adonde tú quieres llegar, no es la suerte, sino seguramente una gran autodisciplina, que, como habilidad personal, se puede desarrollar y aprender, y esta es la gran noticia.

La autodisciplina no consiste en sacrificarte y trabajar más que nadie hasta que tus ojos enrojecidos no vean un pixel de la pantalla de tu portátil, sino ponerte a ello, a resolver una de esas microtareas de la semana que describía más arriba, independientemente de tu estado anímico y emocional. Si no es así, dejamos el control de nuestra vida a ese vaivén o montaña rusa emocional que nos suele acompañar como humanos y seres emocionales que somos.

Uff, ¿pero qué rollo es este de emociones, disciplina, etc? Pues lo es todo, porque cualquier proyecto que nos propongamos (sea escribir un libro, madrugar más, lanzar una tienda online o montar un nuevo chiringuito en tu barrio), requiere dominar todo este juego interior. Si no lo dominas, has perdido la partida de antemano.

Descubrirás entonces algo importante: la motivación no precede a la acción (¿dejaríamos el éxito de nuestro proyecto a estar siempre motivados?), sino que casi siempre, la acción precede a la motivación, justo al revés. Esto es, te entran ganas de hacer algo cuando comienzas a hacerlo, cuando te metes en la tarea.

Por último, no estás solo junto con tus socios (si los tienes) para hacer todo lo relacionado con un proyecto: estamos ya inmersos en una auténtica economía gig en donde podemos contratar servicios de freelancers que se encuentran en cualquier parte del mundo. ¿Por qué no aprovecharlo? ¿Por qué encargarnos de algo que no sabemos hacer bien cuando hay alguien a miles de kilómetros que es experto y que lo puede hacer a un precio razonable?

Hace años abracé el camino del emprendimiento: alguno de los proyectos en los que ha trabajado los he integrado en la compañía para la que trabajo como responsable del equipo de desarrollo de software (Solid Stack), otros no los llegué a terminar y el resto me han deparado agradables sorpresas (como mis primeros libros técnicos). Y eso forma parte del juego del emprendimiento.

Confío en que con estas ideas clave descritas en Las Doce Claves, libro en el que he trabajado con tanto rigor como ilusión, te sean de enorme utilidad para mejorar tus proyectos actuales y futuros.

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PD: artículo revisado, corregido y mejorado en mi libro "De qué hablo cuando hablo de programar (volumen1)".

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Las Doce Claves, las claves de desarrollo personal extraidas de El Arte del Emprendedor Digital

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