Como autor de cinco libros técnicos y dos novelas (por el momento), es evidente que una de mis actividades profesionales consiste en la publicación de libros (que para eso, además, he creado Hub de Libros).

Sin embargo, hasta ahora no he compartido nunca las razones por las que siempre recomiendo a todo el mundo (sí, a to-do-el-mun-do), que de una forma u otra, escriban, ya sea desde un diario, posts (como este) o cualquier proyecto de ficción o no ficción. Al respecto, recomiendo las lecturas de autoras como Julia Cameron y Natalie Goldberg (secreto: cada vez que comienzo un nuevo trabajo, siempre releo alguno de sus libros como forma de volver a centrarme en un proyecto literario).

Quiero compartir aquí uno de los capítulos de la guía gratuita que lancé hace poco y de título "El Manifiesto del Autor Libre: Cómo escribir un libro y publicarlo en el siglo XXI".

Ahí va.

Por qué escribir

El 80% de los estadounidenses, reconocen que en algún momento de sus vidas se han planteado la posibilidad de escribir un libro.

Casi nadie lo hace, y lo más seguro es que sea así por esa extraña «áurea» especial que le sobreponemos a autores consagrados y por desconocer cómo comenzar.

No obstante, al margen de nuestra consideración de lo que sea literatura buena o regular, las razones por las que escribir van más allá de tener éxito o no publicando una obra.

«Escribir» es un proceso mental que descarga nuestra percepción del mundo en el papel.

Existe algo mágico que sucede cada vez que ponemos por escrito nuestros pensamientos, sean en la forma de una historia o relato corto, a modo de diario o esa carta de amor que le escribimos a nuestra pareja.

Escribir supone materializar en el papel parte de la existencia que vivimos cada día (y digerir sus sinsabores y celebrar sus luces).

Si supone una de tus pasiones, dedicar media hora al día a sentarte solo contigo mismo, lápiz en mano o con el ordenador portátil sobre tu regazo, escribir es una forma magnífica de entrar fácilmente en ese estado de «fluir» con el que incluso perdemos la noción del tiempo.

Cuando escribes recuerdas que eres una persona libre: de hablar de lo que quieras, de desahogarte, de tratar de darle un significado a lo incomprensible, de digerir aquella discusión con ese ser tan querido, de tener esa fantasía con el vecino entrenador de gimnasio o la vecina enfermera e incluso de escribir caóticamente, y hasta con faltas de ortografía y de puntuación, cualquier cosa que se te ocurra.

Comprende la vida y tus vivencias… escribiendo.

Elimina el rencor externalizándolo sobre le papel.

Celebra la vida contando ese acontecimiento tan feliz en una nueva entrada en tu diario.

No hay nadie que te juzgue ni reglas: tan solo estás tú y el papel.

De ese modo, algo tan aparentemente inofensivo como tu propio diario, se convierte en un compañero fiel al que acudes para contarle «tus cosas», cómo fue el día, tus preocupaciones más profundas o hasta desarrollas en él esas fantasías tan libertinas como necesarias.

En cierto modo, cuando lees, de algún modo te sumerges en la mente del escritor; cuando escribes, plasmas en palabras tu mundo interior.

Si a veces todo nos parece caótico, cuando escribes tú creas tu propio mundo hecho a tu medida sin rendirle cuentas a nadie, en la forma de escuelas de magia, historias de amor, distopías o contando las hazañas de unos superhéroes o detectives sagaces.

La vida en sociedad nos impone límites necesarios, pero en la escritura, no hay límites.

Comienza el día liberando tu mente creativa escribiendo unas cuantas páginas al azar, de lo que sea, tan solo tus pensamientos erráticos mientras tu mente se despierta (Julia Cameron, autora de «El camino del escritor», libro que recomiendo, las llama «páginas matutinas»).

Termina la noche volviendo a esas páginas para destacar en palabras los momentos agradables, los nuevos problemas o acontecimientos que te parezcan importantes, y comprobarás que sientes cierta liberación al haber expresado de algún modo todo ese mundo mental de tu interior.

Recupera esa bella costumbre de redactar un correo (en papel o electrónico) para mantenerte en contacto con amigos que ahora viven lejos.

Escribe como terapia sobre cualquier asunto que te inquiete. También escribe para desarrollar esas ideas semilla que intuyes descubriendo que tan pronto como te obligas a ponerlas por escrito, lo difuso y evanescente se transforma en algo más concreto y factible, definido.

Conócete mejor a ti mismo, expulsando de tu interior con la forma de palabras todo aquello que se cruza por tu mente y tu vida.

Las razones para escribir son muchas, tan solo tienes que elegir de entre todas ellas aquellas que resuenen mejor en ti y, quizá, darle una oportunidad al resto.

Escribir es la mejor herramienta de desarrollo personal que conozco.

Del mismo modo que un paseo errático y sin dirección no sabemos a dónde nos conducirá, escribir, sin duda, te llevará a lugares inesperados y te puedo asegurar que sorprendentes.

Mientras tanto, ese par de golondrinas que cada tarde bailan frente al ventanal de mi salón, ignoran que su bello cortejo con esos rápidos movimientos, fugaces, únicos, irrepetibles, los he captado para siempre en estas palabras.

PD: Este artículo es uno de los capítulos de la guía gratuita "El Manifiesto del Autor Libre", disponible desde la sección de recursos y también disponible en Amazon.

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